
La fiesta era un velatorio de mortífera raigambre. Cualquier incipiente esbozo de sonrisa, inciativa de pronunciación de palabra alguna, cualquier movimiento esperanzador de baile, era coartado de lleno por esa cosa volátil y pesada que a veces, sin causa conocida, mata todo. Nos miramos, ambos sentados, ambos viendo cómo los surcos entre las baldozas se llenaban de cenizas y de tierra de zapatos arrastrados. Me levanté para ir al baño, única excusa que en la mesa podía ser aceptada como válida en esas circunstancias: el novio acababa de violar a la hermana de la novia y los padres de ambos (novia y novio) pretendían disimular el exabrupto continuando con una fiesta sin novios. Vi que él se levantaba del asiento también, allá lejos, encendía un cigarro, se acercaba a la enorme puerta oval que daba al patio trasero del salón. El baño estaba desierto, no había ninguna retocándose el maquillaje ni esperando en la cola para el sanitario, de modo que no tuve pretextos, y salí rapidito, al tiempo exacto en que un tremendo apagón ponía a todos a exclamar un largo y patético "ahhhh". Sentí una mano tomando suavemente mi muñeca, un controlado tirón cuyo propósito era persuadirme de desplazarme hacia el lado de la puerta que daba al jardín. Me tropecé con un vaso de plástico, o eso creí que era, y me quité los tacones para no caerme ante tanto traste suelto en el piso. Él me condujo hasta afuera, nunca le vi la cara, pero estoy segura de que era el mismo que minutos antes observé levantarse cigarro en mano. Acercó sus labios a los míos, olí el tabaco, sentí el sabor fragante de la sidra mezclado con algo más fuerte que no pude identificar. Su lengua se ajustaba con inigualable destreza a la mía. Había de trasfondo un murmullo de gente que se levantaba de los asientos, rezongaba, manipulaba sin éxito las llaves de la luz.
__¿Cómo te llamas?__recuerdo que pregunté.
__Si te digo mi nombre no te tengo esta noche.
__Quizás__reconocí__aún así, quiero saberlo.
__Mañana vemos.
__Quizás__dije__quizás mañana me arrepienta y decida no verte.
Quise replicar un poco más pero su boca me tapó los labios, inmovilizó mi lengua, exploró mi boca. Su perfume me empapaba entera. Sentí cómo su mano se deslizaba sobre la superficie de mis medias de lycra, cómo me despojaba de ellas.
__¿Qué haces? Puede venir la luz en cualquier momento...
__¿Quién crees que la cortó?
__Puede venir...
Pero me colocó algo trenzado en las manos, algo parecido a un trozo de cables, no sé, jamás lo vi, la oscuridad era absoluta, y para ser honesta no me importaba en lo más mínimo. Sus manos irrumpían debajo de mi brassier a un tiempo perfecto, ni de forma desesperada, ni de manera dormida. No. Eran manos despiertas, grandes. Palpó la geografía de mis pechos, se detuvo en ellos, los besó con fuerza, exigió de ellos un elixir imaginario. Escarbó con los dedos mi entrepierna, susurró unas palabras de placer en mis oídos, besaba tan bien...
__Si tú quieres nos quedamos donde estamos__dijo__¿o prefieres que huyamos hacia allá?
No supe donde era ese allá que señalaba, la noche ocultó su mano, pero le dije que sí, que sí, la oscuridad oculta las imágenes, no los sonidos. Nos perdimos tras los arbustos que enmarcaban el jardín. Se trepó a mi cuerpo y entró dentro de mí progresivamente. Yo tenía una parte de mi mente puesta en él y en lo que hacíamos, y otra volcada hacia los sonidos de la gentes que pululaban en el jardín, que a veces se detenían a un metro de donde yacíamos. Mientras más se prolongaba el asunto, más culpa me venía. Hasta que lo notó.
__¿Qué, eres virgen?__me preguntó, estático, todos sus movimientos se pararon.
__Sí__le dije, abochornada, avergonzada, tímida, inexperta y absolutamente idiota.
__Eso no es problema.
__Mejor__dije, pero pensé otra cosa.
__¿Te soltarías más si sientes que no consientes esto?
__¿Cómo dices?
No me explicó nada, fue pragmático, silencioso y decidido. Me tomó de la cintura, me hizo incorporar y me guió hasta un muro, no sé de qué todo formaría parte esa pared, sólo percibí en mi piel el roce del cemento sin alisar. Me subió en ancas. Toda la vergüenza de estar empapada como estaba se acabó en una sola frase que me dijo, en una frase que no puedo... que no debería... que diablos: que no quiero decir, es una frase que no voy a decir porque fue para mí. Quédense con la duda.
__¿Cómo te llamas?__recuerdo que pregunté.
__Si te digo mi nombre no te tengo esta noche.
__Quizás__reconocí__aún así, quiero saberlo.
__Mañana vemos.
__Quizás__dije__quizás mañana me arrepienta y decida no verte.
Quise replicar un poco más pero su boca me tapó los labios, inmovilizó mi lengua, exploró mi boca. Su perfume me empapaba entera. Sentí cómo su mano se deslizaba sobre la superficie de mis medias de lycra, cómo me despojaba de ellas.
__¿Qué haces? Puede venir la luz en cualquier momento...
__¿Quién crees que la cortó?
__Puede venir...
Pero me colocó algo trenzado en las manos, algo parecido a un trozo de cables, no sé, jamás lo vi, la oscuridad era absoluta, y para ser honesta no me importaba en lo más mínimo. Sus manos irrumpían debajo de mi brassier a un tiempo perfecto, ni de forma desesperada, ni de manera dormida. No. Eran manos despiertas, grandes. Palpó la geografía de mis pechos, se detuvo en ellos, los besó con fuerza, exigió de ellos un elixir imaginario. Escarbó con los dedos mi entrepierna, susurró unas palabras de placer en mis oídos, besaba tan bien...
__Si tú quieres nos quedamos donde estamos__dijo__¿o prefieres que huyamos hacia allá?
No supe donde era ese allá que señalaba, la noche ocultó su mano, pero le dije que sí, que sí, la oscuridad oculta las imágenes, no los sonidos. Nos perdimos tras los arbustos que enmarcaban el jardín. Se trepó a mi cuerpo y entró dentro de mí progresivamente. Yo tenía una parte de mi mente puesta en él y en lo que hacíamos, y otra volcada hacia los sonidos de la gentes que pululaban en el jardín, que a veces se detenían a un metro de donde yacíamos. Mientras más se prolongaba el asunto, más culpa me venía. Hasta que lo notó.
__¿Qué, eres virgen?__me preguntó, estático, todos sus movimientos se pararon.
__Sí__le dije, abochornada, avergonzada, tímida, inexperta y absolutamente idiota.
__Eso no es problema.
__Mejor__dije, pero pensé otra cosa.
__¿Te soltarías más si sientes que no consientes esto?
__¿Cómo dices?
No me explicó nada, fue pragmático, silencioso y decidido. Me tomó de la cintura, me hizo incorporar y me guió hasta un muro, no sé de qué todo formaría parte esa pared, sólo percibí en mi piel el roce del cemento sin alisar. Me subió en ancas. Toda la vergüenza de estar empapada como estaba se acabó en una sola frase que me dijo, en una frase que no puedo... que no debería... que diablos: que no quiero decir, es una frase que no voy a decir porque fue para mí. Quédense con la duda.







